Muchas de las búsquedas recientes de Soledad Sevilla están integradas en la naturaleza o constituidas por ella, y por eso pienso que en esa cetárea de Beluso hay una atmósfera que le motivaría. Pero si así fuera, dejaríamos atrás el lugar y nos adentraríamos en un cuadro o una instalación con una atención indivisible. Para una niña resulta sencillo ver una flor blanca como nieve y para esta artista es igualmente posible explorar el camino que lleva de las imágenes ofrecidas por los procesos naturales –por ejemplo, la migración de las grullas– al secreto expresivo de la abstracción. Pero en su caso, se trata de un trayecto consciente, donde la mirada reverbera en obras como las que cuelgan en esta exposición.
Nacho Fernández,
Madrid. Enero, 2006
(texto incluido en el catálogo de la exposición)