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  Soledad Sevilla - Ensayos
del 2 de marzo al 13 de abril de 2006

Escuché decir una vez a Bernardo Atxaga que antes había muy pocas ventanas por las que mirar, y hoy tenemos demasiadas. Hablaba de ventanas metafóricas, medios diversos que facilitan el acceso a información y estimulan nuestra atención. Es posible, sin embargo, darle un pequeño giro a esa idea para pensar que tales oportunidades nos apartan de observar por una ventana de las de siempre. Poco nos detenemos hoy ante las ventanas reales, si no es con una mirada fugaz. Hace dos días nevó en Madrid mientras estaba reunido con unos amigos viendo un partido de fútbol. Nos acercamos unos segundos a la ventana para ver los árboles nevados, pero nuestro interés continuó volcado en la televisión. Una niña de nueve años replicaba a esta elección que una flor blanca en la jardinera del balcón parecía un copo de nieve más: ella sí miraba, e insistía.

 

¿Qué vio Soledad Sevilla en la ruina de una almadraba en los arenales de Huelva para convertirla en el punto de arranque de su serie? Paredes desconchadas y pintura agrietada, la abundancia de retama, “amarga, dura y bravía”, como dice el cante, entrando por ventanas desvencijadas; tenacidad de la naturaleza y rastro de un menester que decayó cuando los atunes variaron su rumbo. Sin embargo, sus cuadros son una invitación a rebasar, como haría la retama, esta visión, porque tras el umbral del marco representado aparecen imágenes nuevas. En su proceso creativo, es el gozne de la imaginación el que permite que la percepción visual gire hacia los demás sentidos. Expuesta al hallazgo, lo refrenda en pulsiones diferentes, como son el trance del trabajo en el estudio y el torrente del pensamiento, ninguno de los cuales se detiene hasta encontrar su mutua consonancia.

 

 

   

 

Horario: lunes a viernes de 12:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:00

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