galería scq
| Antón Lamazares – E fai frío no lume Residuos del tiempo petrificado. |
1 de diciembre de 2005 al 5 de enero de 2006 |
|
La solidez física de las estructuras que componen las piezas define inicialmente a las presentes obras, aunque esta característica ya regía la apariencia de anteriores exposiciones. Sin embargo, de manera progresiva, las pinturas fueron tornando cada vez más compactas, hasta llegar al estado actual, en el que las superficies que cubren los resistentes bastidores parecen encajar a la perfección. El desgaste sobre los materiales que caracterizaba obras anteriores es aquí casi inexistente, y en algunos casos, en lugar de los cartones que otras veces hacían de lienzos, ahora aparecen planchas de aglomerado, como si de puertas con sus marcos se tratase. Y en realidad también de puertas se trata ahora, aunque no se abran mucho.
La adición de numerosas capas traslúcidas de barnices, incita a hacer un acercamiento a la obra, que permita identificar su estructura a pequeña escala, y ver las manchas, brillos, ondulaciones o irisaciones que se producen. Parecen reconocerse los musgos, líquenes y algas que visten las piedras, de igual manera que se ve el hielo, la nieve o las gotas de lluvia que cubren la superficie. Este acercamiento casi microscópico tiene su contrapartida macroscópica en la necesidad de abarcar las diferentes piezas en conjunto, para así identificar las gradaciones que se producen entre ellas. Las variaciones tonales marcan otra vez el paso del tiempo, en esta ocasión mostrando las variaciones típicas de las estaciones. Estas pinturas no pretenden representar únicamente las piedras, sino también el terreno que delimitan. Las losas constituyen señales topográficas claras, indicadores de presencias y de ausencias, mientras que en la tierra hablábamos de localizaciones más imprecisas, de cambios continuos pero sutiles. Las tierras que Lamazares representa derivan de una obra anterior “Eidos de Rosalía”, en la que mostraba una vista aérea del paisaje gallego. Ahora se aproxima hasta una escala real, en la que se distinguen las hojas que visten de otoño la superficie. Aquí el material es híbrido entre lo orgánico y lo inerte; es roca llena de vida que cierra el ciclo con la muerte. Las tierras muestran fundamentalmente tiempo y naturaleza, un reciclaje continúo en el que las señales del pasado perduran en débiles huellas que se van intrincando. |
||
|
||