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  Rui Chafes - MORITURI
del 26 de octubre al 24 de noviembre de 2006

La ambigüedad de significados parece ser siempre algo primordial. En 1989, Rui Chafes realiza un conjunto de esculturas en malla de hierro. Las formas escogidas son las casacas masculinas y el título, una vez más, instaura el desequilibrio entre las referencias del espectador y la ausencia de utilidad práctica de la escultura
La malla de hierro volverá a surgir más tarde, en esculturas colgadas del techo, que combina las formas rígidas, soldadas, con estas más leves, ahora en forma de saco (serie Würzburg Bolton Landing, 1994/95). El trabajo sobre el lugar de la escultura es, otra constante en la obra de este artista. Chafes realiza esculturas de suelo, de techo, que se cuelgan en las paredes como pinturas, que se muestran sobre peanas como objetos de decoración, en árboles, como pájaros. Nada está establecido en la obra de este escultor, excepto la perennidad de los materiales y la solidez de las formas.

A finales de los años 90, esculturas de pared, como máscaras de terribles rituales, en tiras de hierro que las constituían, la forma de la cabeza humana. Más tarde, en Não Quando os Outros Olham, de 1996, mostraba pares de zapatos cerrados que desenvolvían esta temática. Hasta 1998, este trabajo sobre el cuerpo ausente e imaginado fue una constante en su obra.


En esta ocasión bajo el titulo de MORITURI, presenta en Santiago de Compostela una selección de piezas de los últimos años pensadas para el espacio. Piezas que bajo el titulo evocan tiempo, pausa y recuerdo, un continuo de memoria: “es la palabra la que me hace pensar, no el pensamiento el que me hace hablar”, “Flor que nace para luego morir” “Llámame por tu nombre”, “No separes el sí del no”, “el cuerpo no existe”; traducciones de algunos de los títulos que corresponden a las esculturas que se presentan.