
El resto de la muestra lo conforman un conjunto de piezas de diferentes formatos, en las que se sigue la línea de trabajo del artista, donde habitan fotografías, pintura, lienzos y objetos.
La singularidad de la obra de Tono Carbajo es el resultado de una clara definición de un lenguaje, que ha crecido con el propio artista, y que se codifica y amplia con cada exposición.
Se trata de obras complejas, directas y sutiles, densas y ligeras al mismo tiempo sin entrar en contradicción.
En general, se podría decir que las piezas proponen una reflexión sobre como damos sentido a la realidad y como elaboramos significados personales a partir de inputs muy diversos; incluso, a veces, antagónicos.